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viernes, 21 de septiembre de 2012

Hoy en Milkómeda recomienda: Camuflaje (Joe Haldeman)

Una criatura de un millón de años de vida con el poder de cambiar de forma, un misterioso artefacto enterrado en el fondo de una gran fosa oceánica, una imposible historia de amor...

A partir de estas premisas Joe Haldeman presenta en Camuflaje (2004) un thriller de ciencia-ficción orquestado y narrado con la maestría de un artesano del género. Un relato sencillo, nada ostentoso, que en contraposición a su espectacular La Guerra Interminable (1975), extrae de su modestia su mayor virtud brindando un eficaz como pocos (e instructivo) entretenimiento.

Novela galardonada con sendos premios Nebula y James Tiptree Jr. en 2005.

Puedes echarle un vistazo en: 
http://es.scribd.com/doc/65030915/Joe-Haldeman-Camuflaje




Fuentes: 
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj0QI53yeeHh5BT5bQdTPLG83kBWiNjMkjl9JXp-s8-Uvgz6MQJFMBbLdx4iCPzVqIP5WM3OAAhrdNg1KCdb6IpVO-DP4hB3qmk66AJ6sJSGFDkTHHxC5h1YDtEiiUePC_JMwYHo-CHSw/s1600/Camuflaje-OMI-092006.jpg
http://michaelmay.us/11blog/04/0404-camouflage.jpg

lunes, 18 de junio de 2012

Hoy en Milkómeda recomienda: La Nave Estelar (Brian Aldiss)

La Nave Estelar (Non-Stop en el original) es una novela de ciencia ficción escrita por Brian W. Aldiss en 1958. 

Narra la historia de Roy Complain, cazador en una tribu seminómada, cuya concepción del mundo que habita da un revelador vuelco a raíz verse envuelto en una expedición más allá de las fronteras de su reducida comunidad; una expedición en la que precisamente la continua confirmación de que todo es lo que parece es el gran acierto de una trama que cautiva a pasos de gigante. 

Y hasta ahí puedo leer sin caer el más despiadado spoiler, como hacen todas y cada una de las reseñas con las que me he topado. Aconsejo huir de ellas como de la peste.

A pesar de algunos detalles estrafalarios y un arranque algo irregular, la mitad final de la novela es absolutamente genial, dejando a su término un delicioso regusto a Ciencia Ficción con mayúsculas.

Con todo merecimiento uno de los grandes clásicos de la ciencia ficción más madura y estimulante.




Podéis echarle un ojo on line en aquí.



Más allá de aquel cuadrado, sembrado al azar de estrellas prodigiosas, como si fueran las joyas de un manto imperial,* En inglés «airlock, literalmente 'cerradura de aire' (N. de la t.)
rugía el infinito silencio del espacio. Aquello superaba toda comprensión. Era la más inextricable delas paradojas, pues, aunque parecía de una negrura impenetrable, cada sector relucía con multicoloresestallidos luminosos. Nadie fue capaz de pronunciar una palabra; había que beber esa visión en completo silencio. Yaunque todos sentían deseos de sollozar ante la serenidad del espacio, fue algo enclavado en él loque finalmente atrajo todas las miradas y las retuvo para sí. Era el dulce cuarto creciente de un planeta, tan limpiamente azul como los ojos de un gatito recién nacido. Su tamaño no superaba el deuna hoz sostenida con el brazo alargado; en el centro titilaba un blanco deslumbrante, algún sol parecía estar a punto de asomar tras él. Por fin surgió, ciñendo su terrible corona.
Aun entonces el grupo continuó en silencio, contemplando aquel cuarto creciente que se ibaensanchando, el sol espléndido que se desprendía de él. Era demasiado milagroso como para pronunciar palabra. Estaban mudos, sordos, aturdidos por su magnificencia.Fue Vyann quien habló al fin. –¡Oh, querido Roy! –susurró–. ¡Después de todo hemos llegado a alguna parte! ¡Todavía nosqueda una esperanza, todavía hay alguna esperanza para nosotros!Complain se volvió a mirarla, tratando de forzar su garganta entumecida para pronunciar unarespuesta. Pero no pudo hacerlo. Acababa de descubrir qué era ese algo inmenso que habíadeseado durante toda su vida. No era inmenso en absoluto. Era algo simple, pequeño: ver el rostro de Laur a la luz del sol.

Fuentes:

martes, 12 de junio de 2012

Hoy en Milkómeda recomienda: El Invencible (Stanislaw Lem)

Inauguramos esta sección, como no podría ser de otra manera, con una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos: El Invencible (Niezwycinezony), escrita en 1964 por Stanislaw Lem, autor asimismo de la archiconocida Solaris (1961). 

La trama a priori puede parecer poco original: el crucero El Invencible aterriza en el planeta Regis III para investigar la desaparición de su nave gemela El Cóndor. A medida que indaga en lo sucedido, la tripulación tiene que hacer frente a misterios cada vez más desconcertantes y peligrosos relacionados con las extrañas formas de vida del planeta. 

Y hasta ahí puedo leer.

A partir de tan sencilla premisa, Lem nos sumerge en una trama trepidante y desarrolla interesantes reflexiones sobre las dificultades de comunicación con otras formas de vida, los límites de las capacidades humanas y las infinitas posibilidades de la Evolución, además de un ejercicio de anticipación científica-tecnológica digno de la más absoluta admiración. 

Una obra que, tanto por sus planteamientos especulativos, como por la quirúrgica descripción de los hechos, las situaciones y el entorno ficticio donde la aventura tiene lugar, es, dicho sea de paso, infinitamente superior y fascinante a la sobrevalorada Solaris.

Como muestra, su espectacular comienzo:
"El Invencible, crucero de segunda clase -la mayor de las naves con que contaba la base de la constelación de Lira-, surcaba el cuadrante más exterior de esa región del universo. En el túnel de hibernación del puente principal dormían los ochenta y tres tripulantes de la nave. Como la travesía era relativamente corta, no se había recurrido a la hibernación total sino a un sueño profundo en el que la temperatura del cuerpo no bajaba nunca de los diez grados. En la cabina de comando solamente los autómatas estaban activos. Ante ellos, sobre la retícula del visor, se reflejaba el disco de un sol no mucho más cálido que una estrella enana roja. Cuando la circunferencia ocupó la mitad de la pantalla, el reactor dejó de funcionar. Una pesada quietud reinó de pronto en toda la nave. Los climatizadores y las computadoras trabajaban en silencio. La tenue iluminación que acompañara la emisión del haz luminoso había cesado también. El torrente de luz, como una espada infinitamente larga hundida en la oscuridad, había impulsado a la nave en la inmensidad del espacio. El Invencible se desplazaba ahora a una velicidad uniforme, inerte, mudo y aparentemente vacío"




Podéis encontrarlo on line aquí.




Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/El_Invencible_(novela)
http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op00561.htm
http://rescepto.wordpress.com/2010/01/26/el-invencible/